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Reflexionar antes de introducir un perro en la familia

Primeros juegos entre Hugh y Simba. Hugh entró a formar parte de la familia de modo casual y resultó ser un perro difícil que ha requerido y requiere mucho esfuerzo, sacrificios y complicaciones de vida. Hoy en día es un perro feliz y adaptado a su entorno, pero en manos inexpertas su destino podría haber sido muy distinto.

Primeros juegos entre Hugh y Simba. Hugh entró a formar parte de la familia de modo casual y resultó ser un perro difícil que supuso y supondrá siempre mucho esfuerzo, sacrificios y complicaciones de vida. Hoy en día es un perro feliz y adaptado a su entorno gracias al trabajo y a un trato adecuado, pero ¿cual habría sido su destino en manos más inexpertas o sin los recursos necesarios?

La decisión de incorporar un nuevo miembro peludo en nuestras vidas debería ser una decisión profundamente meditada, nunca producto del capricho ni desde luego, forzada. Además, la elección correcta del tipo de perro que será nuestro compañero hasta el fin de sus días es clave para lograr una buena convivencia y ahorrarle y ahorrarnos disgustos y problemas serios (a veces, incluso insalvables). Dejarlo todo al azar y confiar en que al final todo saldrá bien no es la opción más responsable. Informarse bien y controlar todas las variables posibles al respecto es, por contra, la receta para el éxito. Os damos algunas ideas para empezar.

Antes de nada, incluso de lanzarse a seleccionar al perro, es necesario informarse sobre el ser vivo que estamos pensando en incorporar a la familia, es imprescindible conocer bien las características y necesidades del perro como especie para saber a qué nos enfrentamos y qué podemos esperar de él como compañero, alejándonos de conceptos románticos y mitos.

Es importante no quedarse sólo con nuestra experiencia propia o la experiencia de familiares y amigos, porque es limitada y sólo nos ofrece una idea parcial.

En Internet hay mucha información, pero un “vistazo rápido” no es suficiente. Para adquirir los conocimientos mínimos necesarios hay que documentarse bien y si no se tiene tiempo o no se confía en la información que se encuentra, es mejor dejarse asesorar por un experto (no cometer el error de confiar en que quien vaya a proporcionarnos al perro nos facilitará también toda la información necesaria).

Tras documentarse en profundidad y antes de tomar la decisión en firme de iniciar la convivencia con un perro es fundamental informarse también sobre las dificultades, problemas y posibles contratiempos, gastos, preocupaciones que puede suponer tener un perro. En los foros y grupos de facebook caninos podemos obtener mucha información al respecto puesto que la gente que se enfrenta a este tipo de coyuntura suele pedir ayuda o compartir su situación. Poniéndonos en lo peor, estaremos preparados para lo que surja, lo cual ahorrará muchos quebraderos de cabeza y disgustos.

Escatimar esfuerzos en esta fase de reflexión previa, ser demasiado optimista, dejarse llevar por el optimismo o entusiasmo de otros, transigir pese a que nuestra voluntad sea otra, etc etc puede conllevar infelicidad, peor calidad de vida, malestar familiar y severas consecuencias para las dos partes, humana y canina.

Un perro agresivo muchas veces es un perro incomprendido, tratado de forma incorrecta y que no encaja con el modo de vida actual de su familia. Muchas veces nos encontramos que sus propietarios no pueden cubrir sus necesidades etológicas y muy a su pesar, se ven obligados a separarse de su perro. Esta terrible situación podría haberse evitado antes de introducir al animal en casa y no causar una separación traumática.

Un perro agresivo muchas veces es un perro incomprendido, tratado de forma incorrecta y que no encaja con el modo de vida actual de su familia. Frecuentemente encontramos que sus propietarios no pueden cubrir sus necesidades etológicas o trabajar para contrarrestar malos aprendizajes  y muy a su pesar, se ven obligados a separarse de su perro. Esta terrible situación podría haberse evitado antes de introducir al animal en casa y no causar una separación traumática, que siempre es un acontecimiento profundamente infeliz para ambas partes.

¿De raza o mestizo? ¿Comprar o adoptar? ¿Cachorro o adulto?

Todas estas preguntas están relacionadas y es muy importante conocer algunos datos para tomar la decisión que mejor se ajuste a nuestras necesidades.

En primer lugar hablaremos de las razas. La existencia de las razas de perros, inicialmente fue una cuestión de utilidad y funcionalidad, no de estética. Históricamente, se han tenido perros para que colaboraran en diferentes tareas (caza, tiro, defensa…), por lo que se fueron seleccionando a los que mejor cumplían estas tareas y con ello se fueron definiendo las distintas líneas caninas. Es decir, las diferentes razas tienen asociadas determinadas características, que son las que los seres humanos nos hemos dedicado a seleccionar y promover durante años. Estas características son diversas: nivel de energía, grado de independencia, capacidad de coordinación con sus propietarios, disposición a la obediencia, valentía… Por ello, tener en cuenta e informarse sobre la raza del perro antes de seleccionarlo es una buena idea para incrementar la probabilidad de que se vaya a ajustar a nuestra forma de vida.

No obstante, hay que tener en cuenta varias cosas al respecto. En primer lugar, que actualmente las cosas han cambiado mucho y los perros, en su gran mayoría, ya no se mantienen por su utilidad en el trabajo sino para compañía. Eso ha propiciado que la selección de las diversas razas se haya pervertido mucho y se esté haciendo sobre todo teniendo en cuenta la estética y no el resto de características. También existe la coyuntura del negocio de la venta de perros, cuando el objetivo es criar para lucrarse o por pasatiempo y capricho, los criadores no prestan atención a las características genéticas y de personalidad de los padres y es importante entender que, aunque esto no determina el 100% el carácter y personalidad que desarrollarán sus cachorros, hay una parte que sí se transmite y una influencia más que demostrada científicamente. Por ello, si vamos a seleccionar un perro por su raza, es importante alejarse de las tiendas, los multicriadores o los criadores particulares CASUALES. Sólo un criador serio, honesto y cuya motivación sea una desmedida pasión por la raza que cría y su mejora, nos ofrecerá un perro de raza con las garantías necesarias en cuanto a salud y solidez en su carácter.

¿Cómo encontrar criador? Hoy en día y gracias a internet no es difícil encontrar y contactar con un buen criador. Podemos revisar mediante buscadores, foros especializados, redes sociales e inclusos portales web dedicados a este propósito.

Un consejo, descartad de antemano criadores que ofrezcan cachorros a precios sospechosamente económicos: probablemente no sean tan serios como aparentan ni sean sus garantías tan sólidas como puedan afirmar. La dedicación en tiempo, esfuerzo y dinero de un criador responsable tiene un coste muy elevado que difícilmente podría asumirse sin una contraprestación económica equivalente. Y sobre este tema cabe investigar y reflexionar con cuidado para entender el por qué de este coste y la justificación del precio que pedirá un buen criador. De nuevo una simple búsqueda en Internet será de gran ayuda en esta tarea, aunque nunca está de más dejarse asesorar y buscar consejo de todos los profesionales del mundo del perro que se pueda, valorándolas siempre en función de su formación, objetividad, imparcialidad y seriedad.

Suele pensarse que si nos hacemos con un cachorro, incrementamos la probabilidad de que se adapte a nosotros. Esto no siempre es así, porque de un cachorro podemos desconocer muchas cosas: las características de su progenitores, sus tendencias de personalidad (con las que ya nacen y sólo pueden moldearse hasta cierto punto), el tipo de crianza que ha tenido (que influirá mucho, sobre todo si se lo ha separado antes de los dos meses de su madre y hermanos de camada o si no ha tenido contacto con humanos o entorno urbano). Existen muchos factores que afectarán en la personalidad y características del perro y sólo podrán compensarse o mejorarse en parte con la educación que se le ofrecerá una vez entre a convivir con nosotros. Por eso es importante que si finalmente nos decidimos por un cachorro, ofrecerle una educación de calidad y no dejarla al azar o confiar en nuestra pericia. Invertir en una buena educación en la etapa clave en la que el perro es plástico, está preparado para aprender y todavía es muy moldeable (de los 3 a los 5-6meses) es la mejor forma de asegurarnos de que se adaptará a nosotros y tendrá un carácter estable de adulto, con quien será sencillo y agradable convivir.

Dos razas recomendables para personas con un estilo de vida activo (pero no en exceso) o tranquilo son el labrador y el golden. Siempre que los cachorros de Labrador Retriever y Golden Retriever provengan de un criador que realmente se preocupe por la salud de sus camadas (ojo con la displasia) y busque mantener en su línea el carácter afable y sociable de estas razas, serán excelentes como animal de compañía para el propietario medio. Ahora eso sí, no nos sorprendamos luego si descubrimos que nuestro perrete tiende a obsesionarse un poco con el cobro de objetos y tenemos que esforzarnos por evitar reforzar esta conducta en exceso 😉

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Los labradores, en particular, también tienden a ser bastante glotones, por lo que será de utilidad tenerlo en cuenta a la hora de prevenir la aparición de la ansiedad por la comida y los peligros asociados a engullir su ración de comida demasiado deprisa.

¿Te interesan estas dos razas y quieres empezar a informarte sobre criadores dedicados a su cría? Para encontrar estos joviales y amistosos perros de raza puedes informarte en El Portal del Criador.

Si no queremos dejar nada al azar y no vamos a poder invertir como nos gustaría en esta educación (ya que requiere mucho tiempo, conocimientos y dedicación), la opción más segura es seleccionar un perro adulto (ya sea mestizo o de raza) y dedicar un tiempo a conocerle en persona antes de decidirnos por él.

Adoptar en una asociación protectora de animales es una de las formas más sencillas de hacerlo, puesto que sus integrantes conocen y tratan de cerca a los perros que tienen a su cargo, suelen permitir (y agradecer) que vayamos a sacarlos a pasear o nos los llevemos un periodo de tiempo a casa antes de hacer la adopción definitiva. Es importante tener en cuenta que el verdadero carácter del perro que vayamos a adoptar no lo podremos evaluar tampoco al 100%, dado que finalmente también dependerá de la adaptación a nuestro hogar y la relación que establezca con los miembros de la familia. Sin embargo, adoptar un perro adulto al que hemos dedicado bastante tiempo a conocer en persona y en diferentes situaciones, es probablemente la forma más segura y conveniente de seleccionar a nuestro futuro compañero.

Si ya tenemos otra mascota en casa habrá que considerar que el nuevo animal sea compatible. Para un perro joven será más sencillo aceptar a una hembra (tanto joven como adulta, pero habitualmente aceptan mejor a las de más edad), a un perra joven le resultará más sencillo aceptar a un macho. Los animales castrados tienden a llevarse mejor, pero existen cuestiones de aprendizaje y carácter que modifican esta generalidad. Un buen compañero o compañera para un perro nervioso y activo será un perro tranquilo y equilibrado, que tolere sus juegos y actitud impulsiva sin que muestre su desacuerdo en exceso ni vaya a sufrir en silencio el abuso del primero. Si nuestro perro es ya adulto y tirando a senior y no tiene demasiada paciencia, no es recomendable que introduzcamos un cachorro en casa, tendremos más probabilidad de éxito con un perro tranquilo ya adulto.

Bruma (antes Villa) tenía ya 9 meses cuando la adoptamos de la asociación Asoka el Grande (casi adulta). Ya conocíamos su carácter, tanto con personas adultas, niños, perros y gatos, en distintas situaciones. Su adopción por nuestra parte supuso varias semanas de reflexión y fue una decisión muy importante que jamás lamentaremos. Es una perra diez... pero eso ya lo sabíamos de antemano ;)

Bruma (antes Villa) tenía ya 9 meses cuando la adoptamos de la asociación Asoka el Grande (casi adulta). Ya conocíamos su carácter, tanto con personas adultas, niños, perros y gatos, en distintas situaciones. Su adopción por nuestra parte supuso varias semanas de reflexión y fue una decisión muy importante que jamás lamentaremos. Es una perra diez… pero claro, eso ya lo sabíamos de antemano 😉

En general, no es conveniente introducir a un compañero si nuestro perro tiene algún problema de conducta. De igual forma, no es buena idea escoger como compañero a un perro que tiene algún problema de conducta (aunque en principio parezca algo tan inocuo como un poco de miedo a personas o a otros perros) si ya tenemos a otro perro.

Para no alargarnos en exceso, continuaremos abundando sobre esto último en la siguiente entrada. Esperamos que lo expuesto hasta aquí os haya sido de utilidad y os animamos a seguir informándoos antes de tomar vuestra decisión y elegir al nuevo miembro de la familia. Lograr una buena convivencia y que la experiencia sea feliz para todos está en vuestra mano, ¡no escatiméis esfuerzos!

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¿Cómo procesan los perros el lenguaje humano?

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Los seres humanos llevamos muchos miles de años viviendo en estrecha convivencia con el perro, considerándolo un compañero capaz de ayudarnos en múltiples tareas (afortunadamente, actualmente lo vemos como algo más). Pero, para poder coordinarnos, primero necesitamos comunicarnos con ellos y que nos entiendan. Para ello, intentamos hacer lo mismo que para comunicarnos entre nosotros: les hablamos. Ellos nos atienden y nos escuchan, pero ¿nos entienden? ¿qué información son capaces de extraer de nuestras palabras? Como siempre, gracias a la investigación científica podemos aproximarnos a la respuesta a esas preguntas.

Al escuchar una grabación de voz de otra persona, además de entender el mensaje, un ser humano puede identificar su sexo, su edad aproximada, su estado emocional, la urgencia con la que habla… Somos capaces de captar lo que nos está diciendo (las palabras, las sílabas…) y también cómo nos lo está diciendo (con qué tono, la velocidad, la acentuación…) y usamos esta información para interpretar el mensaje.

Todos estos componentes del habla se procesan de forma asimétrica en nuestro cerebro: el hemisferio izquierdo se encarga del contenido segmental del habla, es decir, los fonemas que se combinan para formar palabras (lo que necesitamos para interpretar el significado literal del mensaje) y el hemisferio derecho del contenido suprasegmental, es decir, el ritmo y la entonación de las palabras entre otras cualidades (lo que necesitamos para interpretar su significado emocional y la identidad de quien nos lo transmite).

Muchos otros mamíferos, entre ellos los perros, tienen especializaciones en su hemisferio izquierdo a fin de interpretar la información que transmiten otros individuos de su especie con sus emisiones sonoras (por ejemplo los ladridos). Actualmente existe interés científico en saber si existe algún tipo de especialización en animales domésticos a la hora de interpretar los diversos componentes del habla humana.

Gracias a estudios previos, se sabe que el perro reconoce el habla humana como algo más que un mero sonido y la considera relevante para extraer información de ella. También se ha demostrado su capacidad de captar la información segmental fonémica (referencias 1, 2, 3, 4) y la suprasegmental prosódica (referencias 1, 2, 3) del habla humana. Lo que aún se desconoce es cómo procesan los perros esta información que captan de nosotros.

Para estudiarlo, Victoria F. Ratcliffe y David Reby de la Universidad de Sussex (Reino Unido), autores del reciente estudio “Asimetrías en la orientación en la respuesta del perro a los diferentes componentes comunicativos del habla humana” han realizado una serie de 10 test sobre 250 perros (123 hembras y 127 machos de 63 razas diferentes) basándose en el paradigma de la orientación de la cabeza.

Este paradigma, que ya se ha usado en estudios previos, supone que si el animal está usando su hemisferio izquierdo, girará la cabeza hacia la derecha, si está usando su hemisferio derecho la girará hacia la izquierda.

Resumen del estudio en inglés:

Los investigadores situaron a cada perro entre dos altavoces a una distancia de metro y medio para que el sonido entrara a la vez por cada oído y reprodujeron fragmentos del habla humana, como por ejemplo un comando conocido por el perro “come on then” (“vamos allá”), variando la relevancia de los distintos componentes de la comunicación para evaluar la respuesta de orientación del perro.

En todos aquellos test en los que existía información segmental (tenían significado para el perro al conservar los fonemas del comando inalterados o levemente modificados) aproximadamente un 80% de los perros giraron la cabeza hacia el lado derecho, lo que se corresponde con un procesamiento de esta información por parte del hemisferio izquierdo del cerebro, al igual que se ha comprobado que sucede en humanos.

Por el contrario, en los test en los que se eliminaba la información segmental y por tanto no tenían significado para el perro (fonemas alterados o cambiados, otro lenguaje) pero contenían información suprasegmental (bien referente al tono emocional o bien referente a las características propias del hablante) provocaron que, aproximadamente el 75% de los perros girara la cabeza hacia la izquierda, denotando un procesamiento por parte del hemisferio derecho, característica que también se ha determinado en humanos.

Cuando no se priorizaba ningún tipo de información (lo equiparable a un habla normal), no se identificó ninguna preferencia (el 50% de los perros giraron la cabeza hacia la derecha y el otro 50% hacia la izquierda).

Los investigadores concluyen que efectivamente los perros, como nosotros, procesan los diferentes componentes del habla humana en distintas partes del cerebro: la segmentaria con el hemisferio izquierdo y la suprasegmentaria con el derecho.

Estos hallazgos respaldan los resultados de los estudios anteriormente citados (en los que se ha demostrado, por ejemplo, que los perros pueden identificar si una voz humana corresponde a una mujer o a un hombre, o que reconocen nuestro tono de voz y actúan de forma distinta dependiendo de si usamos un tono informativo o imperativo).

Además también pueden relacionarse con los resultados de un estudio de neuroimagen publicado en marzo de este año llevado a cabo por Attila Andics (y otros, entre los cuales, Ádám Miklósi) en el que se compararon las imágenes de resonancia magnética correspondientes a las regiones sensibles a la voz del cerebro del perro y del ser humano.

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Copyright © 2014 Elsevier Inc

En este estudio comparativo, el primero llevado a cabo entre el ser humano y una especie no perteneciente a los primates, además de encontrar analogías funcionales en el córtex auditivo no primario de perros y humanos, se hallaron evidencias de la existencia en el cerebro canino de áreas sensibles tanto a la voz humana como a las vocalizaciones caninas (con preferencia por las de su propia especie, como es de esperar), pero, lo que es aún más interesante, se descubrió que, tanto en perros como humanos, se activaba la misma área del hemisferio derecho al escuchar sonidos vocales con carga emocional, siendo la activación mucho mayor cuando la carga emocional era positiva (ladridos de juego, risas humanas…).

Esta correspondencia entre perros y humanos a la hora de realizar este procesamiento diferencial puede estar reflejando una convergencia evolutiva: no en vano, en el proceso de domesticación y en la selección de las razas de utilidad, el ser humano ha favorecido la reproducción de aquellos perros que mejor respondían al lenguaje humano. Sin embargo, también podría deberse a que estas especializaciones existan como rasgo ancestral en mamíferos de diversas especies pero sólo se expresen cuando se les expone a señales comunicativas con significado.

De momento es prematuro afirmar nada al respecto, ya que es necesario obtener datos sobre el procesamiento del habla humana en otros animales domésticos y no domésticos, como los caballos y los lobos criados en cautividad y además, emplear otras técnicas (como la resonancia magnética) para delimitar las áreas específicas del cerebro canino relacionadas con el procesamiento del habla humana.

Por otro lado, teniendo en cuenta las conclusiones de los últimos estudios en comunicación acústica canina que afirman que los perros obtienen información en los ladridos de otros perros sobre su identidad y la urgencia e importancia de la causa del ladrido, sería interesante comprobar mediante el planteamiento de estos estudios qué hemisferio y áreas específicas del cerebro se activan cuando procesan este tipo de información en concreto.

Lo que sí podemos afirmar es que los perros nos prestan atención cuando les hablamos y analizan tanto lo que decimos como la manera en que lo decimos.

No sólo nos escuchan, sino que procesan nuestro discurso intentando reconocer aquellas palabras cuyo significado conocen (como los comandos que les hemos enseñado) y a la vez, extrayendo información de nuestra forma de hablar que pueden emplear para reconocer quienes somos, cuál es nuestro género, nuestro estado emocional…

Y, lo que es aún más fascinante, estamos descubriendo que todo esto lo hacen de forma muy similar a cómo lo hacemos los humanos con nuestro propio lenguaje.

Referencias:

– Ratcliffe et al.: Orienting Asymmetries in Dogs’ Responses to Different Communicatory Components of Human Speech Current Biology (2014)

– A. Andics et al.: Voice-sensitive regions in the dog and human brain are revealed by comparative fMRI. Current Biology (2014)

Entendiendo el ladrido: últimos estudios sobre comunicación acústica entre perros

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El ladrido excesivo es un fenómeno que habitualmente encontramos los profesionales de la modificación de conducta en las evaluaciones iniciales, siendo además uno de los motivos más frecuentes por los que los particulares requieren nuestra ayuda (ya sea por las molestias que ocasiona a los propietarios o a sus vecinos). A la hora de realizar un diagnóstico para llevar a cabo una terapia de modificación de conducta, detectar el ladrido excesivo es de vital importancia ya que es un síntoma clave en algunas patologías del comportamiento.

Ahora bien ¿qué consideramos ladrido excesivo? Sin duda, esta calificación entra dentro de lo subjetivo, más aún si se tiene en cuenta que la naturaleza del ladrido lleva poco tiempo siendo estudiada.

De hecho, hasta la pasada década, la idea general era que los ladridos no poseían significado y apenas dependían del contexto, pero estudios posteriores han demostrado que los ladridos presentan características acústicas diferenciales que se corresponden con diferentes contextos. La hipótesis evolutiva al respecto es que el perro ha ido ampliando y variando su forma de comunicarse a través de la diferenciación en sus ladridos. Esta adaptación está ligada a la gran variabilidad de ambientes y grupos sociales en los que se integra y del progresivo aumento de su vida social. De hecho, se han llevado a cabo estudios que confirman que las personas somos capaces de identificar con bastante precisión el contexto y el estado emocional del perro que ladra en una grabación sonora. Pero, ¿son capaces los perros de extraer información de los ladridos de otros perros?

Adiestramiento canino alicante adiestrador perros podencoSe sabe que tanto perros que viven en estado salvaje como razas que han sufrido poca variación evolutiva ladran mucho menos y más raramente que los perros que llevan mucho más tiempo conviviendo con seres humanos. Esto parece indicar que el ladrido cumple un papel importante en la comunicación hacia los seres humanos. Por otro lado, también se ha visto que los perros aislados suelen ladrar mucho más que los que están en contacto entre sí, de modo que el ladrido también podría estar relacionado con la llamada de reagrupación entre miembros de un grupo social.

En experimentos de laboratorio con planteamiento habituación-deshabituación (se presenta un estímulo al perro hasta que deja de responder ante él y después se varía dicho estímulo para comprobar en qué forma y medida recupera la respuesta), se ha comprobado que los perros son capaces de discriminar ladridos grabados en diferentes contextos (1). Y aún más interesante, se ha comprobado que pueden diferenciar ladridos grabados en el mismo contexto pero que provienen de individuos distintos (2).

Para ello, los investigadores grabaron ladridos de cinco perros adultos en dos contextos diferentes: en respuesta a una persona desconocida que se aproximaba al jardín de su casa y en respuesta al hecho de quedarse solos en el parque atados en un árbol. En el laboratorio reproducían la grabación con el ladrido del perro asociado a la situación determinada hasta que los perros se habituaban a ellas y les prestaban menos atención, entonces variaban tanto el perro como la causa de los ladridos y medían su reacción. Los perros mostraron un incremento en su interés en las grabaciones en respuesta tanto al cambio de identidad del perro que ladraba como al cambio de la causa del ladrido.

No obstante, de este estudio no se puede concluir nada al respecto de si los perros son capaces de identificar al perro que ladra.

Este año un nuevo estudio publicado el pasado mes de Agosto (3) nos ofrece más datos sobre la información que contienen los ladridos para otros perros.

Este estudio se realizó con perros que vivían en zonas sub-urbanas y se llevó a cabo en sus propias casas (por tanto es un estudio de campo y no de laboratorio como el anterior). Se realizaron grabaciones del ladrido de perros desconocidos y de perros conocidos con los que convivían en dos contextos diferentes: cuando se acercaba una persona a la valla de su casa y cuando se quedaban solos. Luego registraron y analizaron la reacción de los perros ante la reproducción de las grabaciones (con un reproductor escondido en el jardín para que parecieran reales). Los perros mostraron conductas diferentes asociadas tanto al ladrido de perros conocidos o desconocidos como al contexto de aislamiento o territorialidad: al escuchar el ladrido de un perro conocido al quedarse solo se dirigían hacia la puerta de la casa (donde suponían que estaría su compañero) o bien se quedaban cerca de la casa si se trataba de un perro desconocido. Al escuchar el ladrido de un perro desconocido ladrando por territorialidad, se dirigieron hacia la valla de su casa. Además, los perros ladraron más en respuesta al contexto territorial (ya fuera un compañero o un extraño el que ladrara) que ante el contexto de aislamiento.

Los autores concluyen que los perros obtienen información de los ladridos de otros perros: por un lado diferencian entre perro conocido/perro desconocido e infieren dónde deben dirigirse para investigar la causa y por otro lado, extraen información del ladrido de otros perros al respecto de la urgencia e importancia de la causa.

Además, sugieren que el hecho de que los perros respondan menos ante los ladridos por aislamiento podría deberse a que este tipo de ladridos tienen más significado para los seres humanos que para los perros (lo cual podría indicar que han podido diferenciarse evolutivamente para ser dirigidos hacia nosotros y no hacia sus conespecíficos). Esta idea es interesante, pero hay que tener en cuenta que es lógico que los perros respondan más ante un contexto que representa una posible amenaza que ante un mero disconfort en un compañero, por lo que se requiere más investigación al respecto para ahondar en la cuestión antes de concluir nada al respecto.

Estudios como estos son realmente útiles para entender mejor la función y las implicaciones del ladrido dentro de la comunicación perro-perro y perro-humano. Como decíamos al principio de la entrada, definir correctamente qué es “ladrido excesivo” y qué entra dentro de la comunicación canina normal es muy importante a la hora de evaluar la conducta de un perro y realizar un diagnóstico, puesto que una interpretación demasiado subjetiva o incorrecta puede conllevar que diseñemos una terapia poco ajustada a un caso concreto en el que el perro genera molestias con sus ladridos.

Afortunadamente y gracias a la investigación científica, cada vez contamos con más conocimientos objetivos al respecto de la conducta canina. Realizando un esfuerzo por mantenernos actualizados y abiertos a las novedades, podremos afinar mucho más nuestros diagnósticos y conseguir mejores resultados a la hora de trabajar junto a los propietarios para mejorar la conducta de sus compañeros caninos.

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Referencias:

(1) Maros, K., et al., Dogs can discriminate barks from different situations. Appl. Anim. Behav. Sci. (2008)

(2) Molnár C, et al., Dogs discriminate between barks: The effect of context and identity of the caller. Behavioural Processes (2009)

(3) Péter, P., et al., More than noise?—Field investigations of intraspecific acoustic communication in dogs (Canis familiaris). Appl. Anim. Behav. Sci. (2014)

Artículo relacionado: You Barkin’ At Me? (The Science Dog)

Más información: Acoustic communication (Family Dog Project)

Concentración, atención y premios en el adiestramiento canino

Cuando nos conseguimos centrar totalmente en una tarea, enfocamos nuestra atención y desechamos automáticamente estímulos externos e internos irrelevantes, es decir, aquellos que no tienen que ver con dicha tarea. De hecho, cuando no queremos pasar por alto u olvidar algo necesitamos amplificarlo (hacerlo más brillante, más grande, subir el volumen, más intenso…). Como ejemplo podemos citar los post-it amarillos pegados en lugares bien a la vista para recordar cosas mientras estudiamos o los anuncios de neón/led en la carretera para que los percibamos mientras conducimos.

El cerebro (humano, canino, felino…) tiene una capacidad de procesamiento limitada y necesita enfocar sus recursos en la tarea que se está llevando a cabo, así, cuando nos vemos forzados a dividir nuestra atención tanto nuestro rendimiento como la sensibilidad de nuestros sentidos disminuye.

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Hugh con sus capacidades cognitivas saturadas de tanto estudiar

Para ilustrar esta cuestión podemos citar un estudio del año pasado (referencia al pie) centrado en evaluar cómo afecta el hecho de llevar a cabo otras actividades mientras se consumen alimentos a la percepción de su sabor. En este estudio se examinaron los efectos de la “carga de trabajo” (es decir, la dificultad de la tarea con respecto a su demanda de recursos cognitivos y memoria de trabajo) y la percepción sensorial (en este caso, el gusto).

Los participantes probaron sustancias amargas, dulces y saladas en diferente grado estando sometidos a “cargas de trabajo” distintas. Cuando los participantes realizaban el experimento estando sometidos a “cargas de trabajo” altas calificaron las sustancias como menos intensas, consumieron más y prefirieron los sabores más fuertes. Dichos resultados sugieren que el aumento de la “carga de trabajo” reduce la percepción del sabor al limitar la capacidad de atención, impidiendo una evaluación correcta de la intensidad del sabor y el ajuste del consumo al mismo.

Este hallazgo concuerda totalmente con la Teoría de la Carga Cognitiva (según Jonh C. Sweller, psicólogo educacional, la capacidad de memoria de trabajo es limitada, por lo que el aprendizaje mediante solución de problemas debe diseñarse de forma que se disminuya la carga cognitiva y se faciliten las tareas para que no se sature la capacidad de procesamiento).

En el mundo humano, esto implica que si comemos viendo la tele, mirando el facebook a través del móvil, en un restaurante de un centro comercial rodeados de otras tiendas y de mucha gente, o incluso, mientras pensamos en todo lo que tenemos que hacer en el trabajo… evaluamos peor el sabor de nuestros alimentos y tendemos a querer comer más y preferir sabores más intesos (más dulces, más salados…), con las consecuencias que ello tiene en la salud.

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Así cenamos muchas noches, aún trabajando. Foto: Matt Seppings

Hasta aquí hemos hablado de animales humanos, pero ¿cómo se relaciona todo esto con el adiestramiento canino?

En el adiestramiento canino, a menudo se emplean reforzadores más valiosos, más olorosos, más grandes, más sabrosos… que los reforzadores habituales para aumentar la motivación del perro cuando se trabaja en entornos difíciles en los que el nivel de distracción es alto. En el caso de los premios más sabrosos, lo que parece que sucede es que se compensa con un estímulo más intenso esa disminución en la percepción del sabor asociada a una menor capacidad de atención en su evaluación (ya que la atención del perro está dividida y su procesamiento cognitivo saturado). Sin embargo, reforzadores con un valor demasiado alto también pueden dificultar el aprendizaje ya que la motivación excesiva implica un estado emocional tan alterado que interfiere y perjudica la función cognitiva.

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¿Jamón o galletas? Bruma lo tiene claro… ¡le valen ambos!

Así pues, dado que la concentración y la atención intencional es vital para lograr un aprendizaje de calidad, un buen protocolo de enseñanza o de adiestramiento no puede basarse sólo en ajustar el valor del reforzador a la situación en la que se esté trabajando en ese momento, debe diseñarse y planificarse de forma que facilite el aprendizaje al perro disminuyendo la carga cognitiva.

En nuestra opinión, un buen protocolo debe, además, aprovechar todas las capacidades cognitivas del perro (mediante una estructuración en fases que ponga a prueba dichas capacidades), tener en cuenta el marco de aprendizaje (el dónde y el cuándo) y la técnica de enseñanza (el cómo) para facilitar el aprendizaje y no saturar las capacidades cognitivas del perro en concreto con el que trabajemos, de forma que ni su rendimiento disminuya ni activemos estrés y/o ansiedad.

Cuando se trabaja de forma estructurada y se prepara al perro con coherencia y suficiente volumen de entrenamiento previo, no necesita jamón Cinco Jotas para concentrarse en entornos difíciles llenos de distracciones…

Nota: Bruma, que fue recompensada con el pedazo de jamón serrano (del Mercadona, que no estamos para Jotas) tras la sesión de fotos, opina que pese a que a ella le basta con el refuerzo social cuando se le pide algo, a nadie le amarga un “salaíco” de vez en cuando 😉

– Referencia: Van der Wal, R. C., & van Dillen, L. F. (2013). Leaving a Flat Taste in Your Mouth Task Load Reduces Taste Perception. Psychological Science, 24, 1277–1284. 23722984

– Artículo relacionado: Attentional States, Sensory Sensitivity and High Value Treats (http://dogbehaviorscience.wordpress.com)

Un estudio científico aborda la cuestión de los “perrijos”

Es habitual que los clientes nos confiesen, no sin cierto reparo, que consideran a sus perros como si fueran sus hijos. Muchos de ellos conocieron otros adiestradores o aficionados al mundo del perro que les reprocharon esta actitud y se sorprenden porque en AdiestrAlicante les damos la razón y compartimos su forma de considerar a sus “mascotas”. Y lo confirmamos sin ningún tipo de pudor, son un miembro más de la familia, son “perrijos”.

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Hugh el día que llegó a casa tras ser encontrado en la carretera

No está bien caer en el antropomorfismo (humanización) de los perros, es un error que conduce a múltiples malinterpretaciones y problemas relacionados con incomunicación e incomprensión, que derivan frecuentemente en un maltrato inocente e inconsciente por parte de los propietarios. Pero, sinceramente, caer en el especismo retrógrado es incluso más dañino y conlleva consecuencias aún más negativas e intolerables.

La organización social del perro está siendo objeto de estudio últimamente y, descartada ya su obsoleta equiparación con la organización social del lobo en cautividad (jerarquías rígidas basada sólo en dominancia/sumisión con lobos alfa, beta y gamma), existe evidencia científica sólida de que los perros se organizan en grupos sociales diferentes a las manadas de los lobos, con normas y organizaciones jerárquicas flexibles (más similares a una familia humana). Es más, el cachorro, que inicialmente posee y aplica unas tendencias innatas para relacionarse con los miembros de su especie (las pautas de dominancia/sumisión), al ser introducido en una familia humana con otro tipo de pautas de interrelación, experimenta una progresiva atrofia de estas pautas innatas para aprender (hasta cierto punto) las del entorno en el que está y así adaptarse al máximo.

Entonces, si nuestros perros, pese a saber que no somos perros y tratarnos diferente, nos consideran parte de su grupo social, parte de su familia, ¿por qué no considerarlos hijos no humanos? Hijos caninos, hijos peludos… en definitiva, como decíamos en el título de la entrada: “perrijos”.

Pero, ¿hasta qué punto puede percibir un ser humano la relación entre padres e hijos y humanos-perros propios? Un odesto pero interesante estudio de un grupo de investigadores del Hospital General de Massachusetts (MGH) ha intentado contribuir a dar respuesta a esta pregunta investigando qué estructuras cerebrales se activan y en qué grado cuando las mujeres ven imágenes de sus hijos y de sus perros (ver referencia al final de la entrada).

Gracias a estudios previos, sabemos que los niveles de ciertas neurohormonas como la oxitocina (involucrada en la vinculación y el apego materno) aumentan tras interaccionar con los animales domésticos. La investigación mediante las nuevas tecnologías de imagen cerebral es de gran ayuda para esclarecer las bases neurobiológicas de esta relación.

A fin de comparar los patrones de activación del cerebro involucrados en el vínculo humano-mascota con los provocados por el vínculo materno-infantil, el estudio se valió de un grupo de mujeres con al menos un niño de 2 a 10 años de edad y un perro con el que hubieran convivido al menos dos años.

Se hicieron dos sesiones: la primera sesión se realizó en su casa y en durante la misma los participantes completaron varios cuestionarios con preguntas sobre sus relaciones con el niño y el perro. Por otro lado, se fotografió tanto a sus hijos como al perro. La segunda sesión se llevó a cabo en el Centro Athinoula A. Martinos para la Imagen Biomédica , donde se empleó la resonancia magnética funcional (fMRI) para medir los niveles de activación de las estructuras cerebrales específicas (mediante la detección de cambios en los niveles de flujo de sangre y oxígeno) mientras los participantes veían una serie de fotografías. Se alternaron imágenes del hijo y del perro de cada participante con las de un niño desconocido y un perro de otro participante. Después de la sesión de exploración, se evaluó en cada participante el reconocimiento y atención a las fotos presentadas y se le pidió que calificara varias imágenes de cada categoría en base a factores relacionados con agrado y emoción.

Finalmente sólo se pudieron usar los datos e imágenes cerebrales de 14 de las 16 mujeres inicialmente inscritas (hay que entender que esta muestra o cantidad de sujetos estudiados es muy limitada, por lo que los resultados del estudio también son limitados).

Principales características de las mujeres que participaron en el estudio

Principales características de las mujeres que participaron en el estudio

El estudio de los datos encontró similitudes y diferencias en el modo en que ciertas regiones importantes del cerebro reaccionaron a las imágenes del hijo de una mujer y perro propios: Áreas importantes relacionadas con la emoción, la recompensa, la afiliación, el procesamiento visual y la interacción social mostraron una mayor actividad cuando las participantes vieron tanto a su hijo como a su perro. Una región conocida por su importancia para la formación del vínculo- sustancia negra/área tegmental ventral (SNI/VTA) – se activó sólo en respuesta a las imágenes de su propio hijo. Por otro lado, una cuestión interesante es que el giro fusiforme (implicado en el reconocimiento facial y otras funciones de procesamiento de imágenes), mostró una mayor respuesta a las imágenes del perro propio que a las de hijo propio.

Figura 3: Similar, aunque mayor, activación para el niño propio (OC) vs control (FX)que para el perro propio (OD) vs control (FX) en madres que poseen un perro (n = 14).

Figura 3: Similar (pero mayor) activación para el niño propio (a y b) que para el perro propio (c y d)  en madres que poseen un perro (n = 14). doi:10.1371/journal.pone.0107205.g003

Como comentaba, al ser un estudio limitado con una muestra pequeña que representa sólo a un sector de la población: mujeres con hijos, obviamente no puede aplicarse a otros individuos ni generalizarse, no obstante, como dice Lucas Stoeckel, doctorado en Psiquiatría y co-autor principal “los resultados sugieren que existe una red cerebral común importante para la formación de vínculo y la activación de procesos cerebrales cuando las madres ven imágenes tanto de sus hijos como de su perro. También observamos diferencias en la activación de algunas regiones que pueden reflejar una variación evolutiva en el curso y la función de estas relaciones. Por ejemplo, al igual que el SNI/VTA, estudios realizados tantos en humanos como animales concluyen que el núcleo accumbens puede tener un papel importante en los lazos de pareja, Sin embargo, esa región mostró una mayor activación cuando las madres vieron imágenes de su perro que cuando vieron las de su hijo. Pensamos que la mayor respuesta de la circunvolución fusiforme a las imágenes de los perros propios puede reflejar una mayor dependencia visual que verbal en la comunicación entre humanos y animales “.

Otro co-autor, Randy Gollub, también Doctor, añade: “La fMRI es una medida indirecta de la actividad neuronal y sólo se puede correlacionar la actividad cerebral con la experiencia de un individuo. Será interesante ver si futuros estudios pueden probar directamente si éstos patrones de actividad cerebral se explican mediante las funciones cognitivas y emocionales específicas implicadas en las relaciones entre humanos y animales. Además, las similitudes y diferencias en la actividad cerebral reveladas por neuroimágenes funcionales pueden ayudar a generar hipótesis que proporcionen finalmente una explicación a las complejidades subyacentes a las relaciones entre humanos y animales”.

Obviamente es necesario un estudio algo más ambicioso que intente obtener esos mismos resultados en una muestra mayor o comprobar si también se hallan en otros sectores de población (mujeres sin hijos, padres y parejas con niños adoptados, con otras especies animales como mascotas…) pero combinar los estudios de resonancia magnética funcional con medidas de comportamiento y estudios fisiológicos podría proporcionar todavía más evidencia que apoyara la relación directa entre la actividad cerebral observada y las funciones mencionadas, así que es un interesante comienzo.

Probablemente realizando este mismo estudio con el sector de la población que considera que tiene “perrijos” se obtendrían resultados aún más claros. Mientras la investigación científica va avanzando y arrojando luz sobre la cuestión de la naturaleza y fortaleza del vínculo entre humanos y perros, nosotros seguiremos convencidos de que todos los perros se consideran “perrijos” (o perrihermanos, perrisobrinos…) de sus compañeros humanos, aunque por desgracia no todos los humanos con perro se hayan dado cuenta aún de ello.

Referencia: Luke E. Stoeckel, Lori S. Palley, Randy L. Gollub, Steven M. Niemi, Anne Eden Evins. Patterns of Brain Activation when Mothers View Their Own Child and Dog: An fMRI Study. PLoS ONE, 2014; 9 (10): e107205 DOI: 10.1371/journal.pone.0107205