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¿Cómo procesan los perros el lenguaje humano?

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Los seres humanos llevamos muchos miles de años viviendo en estrecha convivencia con el perro, considerándolo un compañero capaz de ayudarnos en múltiples tareas (afortunadamente, actualmente lo vemos como algo más). Pero, para poder coordinarnos, primero necesitamos comunicarnos con ellos y que nos entiendan. Para ello, intentamos hacer lo mismo que para comunicarnos entre nosotros: les hablamos. Ellos nos atienden y nos escuchan, pero ¿nos entienden? ¿qué información son capaces de extraer de nuestras palabras? Como siempre, gracias a la investigación científica podemos aproximarnos a la respuesta a esas preguntas.

Al escuchar una grabación de voz de otra persona, además de entender el mensaje, un ser humano puede identificar su sexo, su edad aproximada, su estado emocional, la urgencia con la que habla… Somos capaces de captar lo que nos está diciendo (las palabras, las sílabas…) y también cómo nos lo está diciendo (con qué tono, la velocidad, la acentuación…) y usamos esta información para interpretar el mensaje.

Todos estos componentes del habla se procesan de forma asimétrica en nuestro cerebro: el hemisferio izquierdo se encarga del contenido segmental del habla, es decir, los fonemas que se combinan para formar palabras (lo que necesitamos para interpretar el significado literal del mensaje) y el hemisferio derecho del contenido suprasegmental, es decir, el ritmo y la entonación de las palabras entre otras cualidades (lo que necesitamos para interpretar su significado emocional y la identidad de quien nos lo transmite).

Muchos otros mamíferos, entre ellos los perros, tienen especializaciones en su hemisferio izquierdo a fin de interpretar la información que transmiten otros individuos de su especie con sus emisiones sonoras (por ejemplo los ladridos). Actualmente existe interés científico en saber si existe algún tipo de especialización en animales domésticos a la hora de interpretar los diversos componentes del habla humana.

Gracias a estudios previos, se sabe que el perro reconoce el habla humana como algo más que un mero sonido y la considera relevante para extraer información de ella. También se ha demostrado su capacidad de captar la información segmental fonémica (referencias 1, 2, 3, 4) y la suprasegmental prosódica (referencias 1, 2, 3) del habla humana. Lo que aún se desconoce es cómo procesan los perros esta información que captan de nosotros.

Para estudiarlo, Victoria F. Ratcliffe y David Reby de la Universidad de Sussex (Reino Unido), autores del reciente estudio “Asimetrías en la orientación en la respuesta del perro a los diferentes componentes comunicativos del habla humana” han realizado una serie de 10 test sobre 250 perros (123 hembras y 127 machos de 63 razas diferentes) basándose en el paradigma de la orientación de la cabeza.

Este paradigma, que ya se ha usado en estudios previos, supone que si el animal está usando su hemisferio izquierdo, girará la cabeza hacia la derecha, si está usando su hemisferio derecho la girará hacia la izquierda.

Resumen del estudio en inglés:

Los investigadores situaron a cada perro entre dos altavoces a una distancia de metro y medio para que el sonido entrara a la vez por cada oído y reprodujeron fragmentos del habla humana, como por ejemplo un comando conocido por el perro “come on then” (“vamos allá”), variando la relevancia de los distintos componentes de la comunicación para evaluar la respuesta de orientación del perro.

En todos aquellos test en los que existía información segmental (tenían significado para el perro al conservar los fonemas del comando inalterados o levemente modificados) aproximadamente un 80% de los perros giraron la cabeza hacia el lado derecho, lo que se corresponde con un procesamiento de esta información por parte del hemisferio izquierdo del cerebro, al igual que se ha comprobado que sucede en humanos.

Por el contrario, en los test en los que se eliminaba la información segmental y por tanto no tenían significado para el perro (fonemas alterados o cambiados, otro lenguaje) pero contenían información suprasegmental (bien referente al tono emocional o bien referente a las características propias del hablante) provocaron que, aproximadamente el 75% de los perros girara la cabeza hacia la izquierda, denotando un procesamiento por parte del hemisferio derecho, característica que también se ha determinado en humanos.

Cuando no se priorizaba ningún tipo de información (lo equiparable a un habla normal), no se identificó ninguna preferencia (el 50% de los perros giraron la cabeza hacia la derecha y el otro 50% hacia la izquierda).

Los investigadores concluyen que efectivamente los perros, como nosotros, procesan los diferentes componentes del habla humana en distintas partes del cerebro: la segmentaria con el hemisferio izquierdo y la suprasegmentaria con el derecho.

Estos hallazgos respaldan los resultados de los estudios anteriormente citados (en los que se ha demostrado, por ejemplo, que los perros pueden identificar si una voz humana corresponde a una mujer o a un hombre, o que reconocen nuestro tono de voz y actúan de forma distinta dependiendo de si usamos un tono informativo o imperativo).

Además también pueden relacionarse con los resultados de un estudio de neuroimagen publicado en marzo de este año llevado a cabo por Attila Andics (y otros, entre los cuales, Ádám Miklósi) en el que se compararon las imágenes de resonancia magnética correspondientes a las regiones sensibles a la voz del cerebro del perro y del ser humano.

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Copyright © 2014 Elsevier Inc

En este estudio comparativo, el primero llevado a cabo entre el ser humano y una especie no perteneciente a los primates, además de encontrar analogías funcionales en el córtex auditivo no primario de perros y humanos, se hallaron evidencias de la existencia en el cerebro canino de áreas sensibles tanto a la voz humana como a las vocalizaciones caninas (con preferencia por las de su propia especie, como es de esperar), pero, lo que es aún más interesante, se descubrió que, tanto en perros como humanos, se activaba la misma área del hemisferio derecho al escuchar sonidos vocales con carga emocional, siendo la activación mucho mayor cuando la carga emocional era positiva (ladridos de juego, risas humanas…).

Esta correspondencia entre perros y humanos a la hora de realizar este procesamiento diferencial puede estar reflejando una convergencia evolutiva: no en vano, en el proceso de domesticación y en la selección de las razas de utilidad, el ser humano ha favorecido la reproducción de aquellos perros que mejor respondían al lenguaje humano. Sin embargo, también podría deberse a que estas especializaciones existan como rasgo ancestral en mamíferos de diversas especies pero sólo se expresen cuando se les expone a señales comunicativas con significado.

De momento es prematuro afirmar nada al respecto, ya que es necesario obtener datos sobre el procesamiento del habla humana en otros animales domésticos y no domésticos, como los caballos y los lobos criados en cautividad y además, emplear otras técnicas (como la resonancia magnética) para delimitar las áreas específicas del cerebro canino relacionadas con el procesamiento del habla humana.

Por otro lado, teniendo en cuenta las conclusiones de los últimos estudios en comunicación acústica canina que afirman que los perros obtienen información en los ladridos de otros perros sobre su identidad y la urgencia e importancia de la causa del ladrido, sería interesante comprobar mediante el planteamiento de estos estudios qué hemisferio y áreas específicas del cerebro se activan cuando procesan este tipo de información en concreto.

Lo que sí podemos afirmar es que los perros nos prestan atención cuando les hablamos y analizan tanto lo que decimos como la manera en que lo decimos.

No sólo nos escuchan, sino que procesan nuestro discurso intentando reconocer aquellas palabras cuyo significado conocen (como los comandos que les hemos enseñado) y a la vez, extrayendo información de nuestra forma de hablar que pueden emplear para reconocer quienes somos, cuál es nuestro género, nuestro estado emocional…

Y, lo que es aún más fascinante, estamos descubriendo que todo esto lo hacen de forma muy similar a cómo lo hacemos los humanos con nuestro propio lenguaje.

Referencias:

– Ratcliffe et al.: Orienting Asymmetries in Dogs’ Responses to Different Communicatory Components of Human Speech Current Biology (2014)

– A. Andics et al.: Voice-sensitive regions in the dog and human brain are revealed by comparative fMRI. Current Biology (2014)

¿Tu perro come demasiado rápido?

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1. Mi perro devora la comida ¿por qué puede ser?

Aburrimiento: cuando el momento de la comida es lo más emocionante que sucede en su día es fácil un el perro acabe obsesionándose con ello.

Estrés: Al igual que los seres humanos, los perros, en situaciones estresantes (estrés agudo) o cuando ya presentan gran cantidad de estrés acumulado (estrés crónico) pueden tratar de paliar su malestar con una actividad tan placentera como comer, llegando incluso al punto de desarrollar un desorden alimenticio (trastorno obsesivo compulsivo por la comida).

Ansiedad: las causas más habituales son el contar con un historial de privación (ya fuera en su etapa de cachorro a la hora de competir con el resto de hermanos de camada o por tener que competir con otros compañeros siendo ya adulto…), hacer sólo una toma al día, potenciación inconsciente por parte del propietario, otras patologías de la conducta…

Glotonería: algunas razas son más glotonas que otras… (es célebre y está bien documentada la del Labrador Retriver) aunque por supuesto la avidez por la comida depende fundamentalmente del carácter de cada perro…

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2. ¿Qué consecuencias negativas tiene comer demasiado deprisa?

Problemas digestivos: eructos, flatulencias, hinchazón, acidez, vómito, regurgitación, heces blandas…

Obesidad: una ingesta demasiado rápida implica una masticación deficiente o incluso inexistente (la masticación es necesaria para activar los mecanismos hormonales de la saciedad que regulan el apetito y regular los mecanismos hormonales que regulan la conversión de los alimentos en grasa periférica).

Torsión de estómago: al engullir, el perro introduce una gran cantidad de alimento y aire de golpe en el estómago. Este llenado brusco es uno de los principales factores de riesgo para que se produzca este temido síndrome, que es espcialmente frecuente en determinadas razas, perros de tamaño grande o pecho amplio y que a menudo conlleva la muerte del animal si no se detecta y actúa suficiente rapidez.

Conflictos por competitividad con otros miembros de su grupo social (caninos o humanos): terminar su ración rápidamente e ir a arrebatarle la suya al compañero es, con frecuencia, un hábito que desarrollan los perros que comen de forma ansiosa. De igual forma, si existe un problema de protección del recurso, comer de forma ansiosa puede empeorarlo.

3. ¿Cómo solucionar el problema?

– Dividir su ración diaria en varias tomas.

– Darle su ración diaria empleando juguetes interactivos o juegos de olfato, practicando ejercicios de obediencia o habilidades caninas, recompensando buenas conductas

– Emplear comederos especiales diseñados para que coman más despacio.

4. Comederos especiales y nuestra recomendación

Cada vez existen más modelos de comederos pensados para perros que comen demasiado rápido y es más sencillo encontrarlos en tiendas físicas u on-line. Su característica principal es que no son enteramente huecos, sino que presentan con protuberancias, compartimentos, laberintos u otras formas pensadas para que el perro no pueda tomar mucha cantidad de alimento de golpe.

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Así, el perro tendrá que esforzarse para obtener el alimento, involucrarse en la búsqueda y mantener la motivación para obtener su ración completa, siendo ésta una forma de alimentación mucho más sana y natural que le reporta tanto beneficios cognitivos y emocionales como físicos:

– Cognitivos: favorece la concentración, el autocontrol y el empleo de sus capacidades cognitivas y habilidades sensoriales (estimulación mental).

– Emocionales: mayor satisfacción por el alimento ingerido, reducción del estrés y del aburrimiento.

– Físicos: mejora de trastornos digestivos, mejora de la higiene dental y el aliento (al potenciar la masticación y la salivación), combate la obesidad potenciando la saciación…

A la hora de elegir y adquirir un comedero especial para perros glotones es importante asegurarse de que se adecuará a las características y capacidades de nuestro perro. Por ejemplo, los perros braquicefálicos necesitarán comederos menos profundos que los perros de hocico largo. Por otro lado, también debería considerarse la “dificultad” del comedero para adaptarla a la habilidad de nuestro perro, ya que, en el caso de que suponga un reto demasiado grande para el perro o no se le facilite un aprendizaje previo, es fácil que la experiencia sea demasiado frustrante para él y acabe rechazando el comedero o sufriendo un incremento en su ansiedad (con lo que empeoraría el problema).

El comedero que os mostramos en el siguiente vídeo es uno de los tres modelos de la marca “Slo-Bowl y es el que usa actualmente nuestra perra Bruma (mezcla de galgo con, posiblemente, mastín) ya que, de los que hemos probado es el que mejor se adapta a su hocico largo y estrecho y a su gran habilidad a la hora de “absorber” la comida. Gracias a él hemos conseguido que su “hora de la comida” y su “hora de la cena” se alarguen de un minuto escaso a cinco largos minutos (máximo): el mejor resultado que hemos obtenido hasta ahora con este tipo de comederos.

Es muy cómodo de usar, resistente y duradero (se nota que está hecho con materiales de calidad y es apto para lavavajillas). Por otro lado, a diferencia del comedero que usa Hugh (que también está diseñado para que coma más despacio pero es de “marca blanca” y se ha estropeado en muy poco tiempo por estar hecho de un plástico demasiado rígido y de mala calidad), tiene una base de caucho que impide que se deslice por el suelo. Esta característica ha resultado ser muy importante a la hora de relajar a la perra mientras come, que ya no “pasea” el comedero por toda la casa.

Además en su fabricación se ha evitado el BPA (bisfenol A), los Ftalatos y el PVC. Existe controversia al respecto de la toxicidad de estos compuestos por lo que tampoco es un tema sobre el que uno deba obsesionarse, pero si no los lleva, pues miel sobre hojuelas.

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Por supuesto, existen otras marcas y modelos en el mercado que ofrecen resultados satisfactorios, no obstante, antes de decidirse por cualquiera de ellos es recomendable hacer una revisión concienzuda en busca de valoraciones, críticas y opiniones de otros propietarios de perros con características similares al nuestro que hayan usado o estén usando el comedero que nos interese antes de decidirnos (las tiendas de on-line de productos para mascotas suelen contar con un apartado con comentarios de clientes).

También es conveniente dejarnos asesorar por un buen profesional en conducta canina si no estamos seguros de nuestra elección o preveemos que nuestro perro necesitará ayuda para aprender a usarlo y gestionar sus emociones a la hora de comer ya que, dependiendo del caso su uso puede estar contraindicado o requerir pautas adicionales para lograr los resultados que se buscan.

En cualquier caso, conseguir que nuestro perro “tragón” o “ansioso” coma más despacio y se relaje es muy importante para su salud y su bienestar, por lo que realizar una inversión económica, de tiempo y de esfuerzo para lograrlo es vital para que nuestro compañero tenga la calidad de vida que merece.

Referencias:

  1. Jerold S. Bell, “Inherited and Predisposing Factors in the Development of Gastric Dilatation Volvulus in Dogs”, Topics in Companion Animal Medicine, Sept.2014.

  2. McMillan, Dr. Franklin, “Stress-induced and Emotional Eating in Animals: A Review of the Experimental Evidence and Implications for Companion Animal Obesity”, Journal of Veterinary Behavior, Oct. 2012.

Entendiendo el ladrido: últimos estudios sobre comunicación acústica entre perros

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El ladrido excesivo es un fenómeno que habitualmente encontramos los profesionales de la modificación de conducta en las evaluaciones iniciales, siendo además uno de los motivos más frecuentes por los que los particulares requieren nuestra ayuda (ya sea por las molestias que ocasiona a los propietarios o a sus vecinos). A la hora de realizar un diagnóstico para llevar a cabo una terapia de modificación de conducta, detectar el ladrido excesivo es de vital importancia ya que es un síntoma clave en algunas patologías del comportamiento.

Ahora bien ¿qué consideramos ladrido excesivo? Sin duda, esta calificación entra dentro de lo subjetivo, más aún si se tiene en cuenta que la naturaleza del ladrido lleva poco tiempo siendo estudiada.

De hecho, hasta la pasada década, la idea general era que los ladridos no poseían significado y apenas dependían del contexto, pero estudios posteriores han demostrado que los ladridos presentan características acústicas diferenciales que se corresponden con diferentes contextos. La hipótesis evolutiva al respecto es que el perro ha ido ampliando y variando su forma de comunicarse a través de la diferenciación en sus ladridos. Esta adaptación está ligada a la gran variabilidad de ambientes y grupos sociales en los que se integra y del progresivo aumento de su vida social. De hecho, se han llevado a cabo estudios que confirman que las personas somos capaces de identificar con bastante precisión el contexto y el estado emocional del perro que ladra en una grabación sonora. Pero, ¿son capaces los perros de extraer información de los ladridos de otros perros?

Adiestramiento canino alicante adiestrador perros podencoSe sabe que tanto perros que viven en estado salvaje como razas que han sufrido poca variación evolutiva ladran mucho menos y más raramente que los perros que llevan mucho más tiempo conviviendo con seres humanos. Esto parece indicar que el ladrido cumple un papel importante en la comunicación hacia los seres humanos. Por otro lado, también se ha visto que los perros aislados suelen ladrar mucho más que los que están en contacto entre sí, de modo que el ladrido también podría estar relacionado con la llamada de reagrupación entre miembros de un grupo social.

En experimentos de laboratorio con planteamiento habituación-deshabituación (se presenta un estímulo al perro hasta que deja de responder ante él y después se varía dicho estímulo para comprobar en qué forma y medida recupera la respuesta), se ha comprobado que los perros son capaces de discriminar ladridos grabados en diferentes contextos (1). Y aún más interesante, se ha comprobado que pueden diferenciar ladridos grabados en el mismo contexto pero que provienen de individuos distintos (2).

Para ello, los investigadores grabaron ladridos de cinco perros adultos en dos contextos diferentes: en respuesta a una persona desconocida que se aproximaba al jardín de su casa y en respuesta al hecho de quedarse solos en el parque atados en un árbol. En el laboratorio reproducían la grabación con el ladrido del perro asociado a la situación determinada hasta que los perros se habituaban a ellas y les prestaban menos atención, entonces variaban tanto el perro como la causa de los ladridos y medían su reacción. Los perros mostraron un incremento en su interés en las grabaciones en respuesta tanto al cambio de identidad del perro que ladraba como al cambio de la causa del ladrido.

No obstante, de este estudio no se puede concluir nada al respecto de si los perros son capaces de identificar al perro que ladra.

Este año un nuevo estudio publicado el pasado mes de Agosto (3) nos ofrece más datos sobre la información que contienen los ladridos para otros perros.

Este estudio se realizó con perros que vivían en zonas sub-urbanas y se llevó a cabo en sus propias casas (por tanto es un estudio de campo y no de laboratorio como el anterior). Se realizaron grabaciones del ladrido de perros desconocidos y de perros conocidos con los que convivían en dos contextos diferentes: cuando se acercaba una persona a la valla de su casa y cuando se quedaban solos. Luego registraron y analizaron la reacción de los perros ante la reproducción de las grabaciones (con un reproductor escondido en el jardín para que parecieran reales). Los perros mostraron conductas diferentes asociadas tanto al ladrido de perros conocidos o desconocidos como al contexto de aislamiento o territorialidad: al escuchar el ladrido de un perro conocido al quedarse solo se dirigían hacia la puerta de la casa (donde suponían que estaría su compañero) o bien se quedaban cerca de la casa si se trataba de un perro desconocido. Al escuchar el ladrido de un perro desconocido ladrando por territorialidad, se dirigieron hacia la valla de su casa. Además, los perros ladraron más en respuesta al contexto territorial (ya fuera un compañero o un extraño el que ladrara) que ante el contexto de aislamiento.

Los autores concluyen que los perros obtienen información de los ladridos de otros perros: por un lado diferencian entre perro conocido/perro desconocido e infieren dónde deben dirigirse para investigar la causa y por otro lado, extraen información del ladrido de otros perros al respecto de la urgencia e importancia de la causa.

Además, sugieren que el hecho de que los perros respondan menos ante los ladridos por aislamiento podría deberse a que este tipo de ladridos tienen más significado para los seres humanos que para los perros (lo cual podría indicar que han podido diferenciarse evolutivamente para ser dirigidos hacia nosotros y no hacia sus conespecíficos). Esta idea es interesante, pero hay que tener en cuenta que es lógico que los perros respondan más ante un contexto que representa una posible amenaza que ante un mero disconfort en un compañero, por lo que se requiere más investigación al respecto para ahondar en la cuestión antes de concluir nada al respecto.

Estudios como estos son realmente útiles para entender mejor la función y las implicaciones del ladrido dentro de la comunicación perro-perro y perro-humano. Como decíamos al principio de la entrada, definir correctamente qué es “ladrido excesivo” y qué entra dentro de la comunicación canina normal es muy importante a la hora de evaluar la conducta de un perro y realizar un diagnóstico, puesto que una interpretación demasiado subjetiva o incorrecta puede conllevar que diseñemos una terapia poco ajustada a un caso concreto en el que el perro genera molestias con sus ladridos.

Afortunadamente y gracias a la investigación científica, cada vez contamos con más conocimientos objetivos al respecto de la conducta canina. Realizando un esfuerzo por mantenernos actualizados y abiertos a las novedades, podremos afinar mucho más nuestros diagnósticos y conseguir mejores resultados a la hora de trabajar junto a los propietarios para mejorar la conducta de sus compañeros caninos.

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Referencias:

(1) Maros, K., et al., Dogs can discriminate barks from different situations. Appl. Anim. Behav. Sci. (2008)

(2) Molnár C, et al., Dogs discriminate between barks: The effect of context and identity of the caller. Behavioural Processes (2009)

(3) Péter, P., et al., More than noise?—Field investigations of intraspecific acoustic communication in dogs (Canis familiaris). Appl. Anim. Behav. Sci. (2014)

Artículo relacionado: You Barkin’ At Me? (The Science Dog)

Más información: Acoustic communication (Family Dog Project)

Concentración, atención y premios en el adiestramiento canino

Cuando nos conseguimos centrar totalmente en una tarea, enfocamos nuestra atención y desechamos automáticamente estímulos externos e internos irrelevantes, es decir, aquellos que no tienen que ver con dicha tarea. De hecho, cuando no queremos pasar por alto u olvidar algo necesitamos amplificarlo (hacerlo más brillante, más grande, subir el volumen, más intenso…). Como ejemplo podemos citar los post-it amarillos pegados en lugares bien a la vista para recordar cosas mientras estudiamos o los anuncios de neón/led en la carretera para que los percibamos mientras conducimos.

El cerebro (humano, canino, felino…) tiene una capacidad de procesamiento limitada y necesita enfocar sus recursos en la tarea que se está llevando a cabo, así, cuando nos vemos forzados a dividir nuestra atención tanto nuestro rendimiento como la sensibilidad de nuestros sentidos disminuye.

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Hugh con sus capacidades cognitivas saturadas de tanto estudiar

Para ilustrar esta cuestión podemos citar un estudio del año pasado (referencia al pie) centrado en evaluar cómo afecta el hecho de llevar a cabo otras actividades mientras se consumen alimentos a la percepción de su sabor. En este estudio se examinaron los efectos de la “carga de trabajo” (es decir, la dificultad de la tarea con respecto a su demanda de recursos cognitivos y memoria de trabajo) y la percepción sensorial (en este caso, el gusto).

Los participantes probaron sustancias amargas, dulces y saladas en diferente grado estando sometidos a “cargas de trabajo” distintas. Cuando los participantes realizaban el experimento estando sometidos a “cargas de trabajo” altas calificaron las sustancias como menos intensas, consumieron más y prefirieron los sabores más fuertes. Dichos resultados sugieren que el aumento de la “carga de trabajo” reduce la percepción del sabor al limitar la capacidad de atención, impidiendo una evaluación correcta de la intensidad del sabor y el ajuste del consumo al mismo.

Este hallazgo concuerda totalmente con la Teoría de la Carga Cognitiva (según Jonh C. Sweller, psicólogo educacional, la capacidad de memoria de trabajo es limitada, por lo que el aprendizaje mediante solución de problemas debe diseñarse de forma que se disminuya la carga cognitiva y se faciliten las tareas para que no se sature la capacidad de procesamiento).

En el mundo humano, esto implica que si comemos viendo la tele, mirando el facebook a través del móvil, en un restaurante de un centro comercial rodeados de otras tiendas y de mucha gente, o incluso, mientras pensamos en todo lo que tenemos que hacer en el trabajo… evaluamos peor el sabor de nuestros alimentos y tendemos a querer comer más y preferir sabores más intesos (más dulces, más salados…), con las consecuencias que ello tiene en la salud.

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Así cenamos muchas noches, aún trabajando. Foto: Matt Seppings

Hasta aquí hemos hablado de animales humanos, pero ¿cómo se relaciona todo esto con el adiestramiento canino?

En el adiestramiento canino, a menudo se emplean reforzadores más valiosos, más olorosos, más grandes, más sabrosos… que los reforzadores habituales para aumentar la motivación del perro cuando se trabaja en entornos difíciles en los que el nivel de distracción es alto. En el caso de los premios más sabrosos, lo que parece que sucede es que se compensa con un estímulo más intenso esa disminución en la percepción del sabor asociada a una menor capacidad de atención en su evaluación (ya que la atención del perro está dividida y su procesamiento cognitivo saturado). Sin embargo, reforzadores con un valor demasiado alto también pueden dificultar el aprendizaje ya que la motivación excesiva implica un estado emocional tan alterado que interfiere y perjudica la función cognitiva.

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¿Jamón o galletas? Bruma lo tiene claro… ¡le valen ambos!

Así pues, dado que la concentración y la atención intencional es vital para lograr un aprendizaje de calidad, un buen protocolo de enseñanza o de adiestramiento no puede basarse sólo en ajustar el valor del reforzador a la situación en la que se esté trabajando en ese momento, debe diseñarse y planificarse de forma que facilite el aprendizaje al perro disminuyendo la carga cognitiva.

En nuestra opinión, un buen protocolo debe, además, aprovechar todas las capacidades cognitivas del perro (mediante una estructuración en fases que ponga a prueba dichas capacidades), tener en cuenta el marco de aprendizaje (el dónde y el cuándo) y la técnica de enseñanza (el cómo) para facilitar el aprendizaje y no saturar las capacidades cognitivas del perro en concreto con el que trabajemos, de forma que ni su rendimiento disminuya ni activemos estrés y/o ansiedad.

Cuando se trabaja de forma estructurada y se prepara al perro con coherencia y suficiente volumen de entrenamiento previo, no necesita jamón Cinco Jotas para concentrarse en entornos difíciles llenos de distracciones…

Nota: Bruma, que fue recompensada con el pedazo de jamón serrano (del Mercadona, que no estamos para Jotas) tras la sesión de fotos, opina que pese a que a ella le basta con el refuerzo social cuando se le pide algo, a nadie le amarga un “salaíco” de vez en cuando 😉

– Referencia: Van der Wal, R. C., & van Dillen, L. F. (2013). Leaving a Flat Taste in Your Mouth Task Load Reduces Taste Perception. Psychological Science, 24, 1277–1284. 23722984

– Artículo relacionado: Attentional States, Sensory Sensitivity and High Value Treats (http://dogbehaviorscience.wordpress.com)

Un estudio científico aborda la cuestión de los “perrijos”

Es habitual que los clientes nos confiesen, no sin cierto reparo, que consideran a sus perros como si fueran sus hijos. Muchos de ellos conocieron otros adiestradores o aficionados al mundo del perro que les reprocharon esta actitud y se sorprenden porque en AdiestrAlicante les damos la razón y compartimos su forma de considerar a sus “mascotas”. Y lo confirmamos sin ningún tipo de pudor, son un miembro más de la familia, son “perrijos”.

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Hugh el día que llegó a casa tras ser encontrado en la carretera

No está bien caer en el antropomorfismo (humanización) de los perros, es un error que conduce a múltiples malinterpretaciones y problemas relacionados con incomunicación e incomprensión, que derivan frecuentemente en un maltrato inocente e inconsciente por parte de los propietarios. Pero, sinceramente, caer en el especismo retrógrado es incluso más dañino y conlleva consecuencias aún más negativas e intolerables.

La organización social del perro está siendo objeto de estudio últimamente y, descartada ya su obsoleta equiparación con la organización social del lobo en cautividad (jerarquías rígidas basada sólo en dominancia/sumisión con lobos alfa, beta y gamma), existe evidencia científica sólida de que los perros se organizan en grupos sociales diferentes a las manadas de los lobos, con normas y organizaciones jerárquicas flexibles (más similares a una familia humana). Es más, el cachorro, que inicialmente posee y aplica unas tendencias innatas para relacionarse con los miembros de su especie (las pautas de dominancia/sumisión), al ser introducido en una familia humana con otro tipo de pautas de interrelación, experimenta una progresiva atrofia de estas pautas innatas para aprender (hasta cierto punto) las del entorno en el que está y así adaptarse al máximo.

Entonces, si nuestros perros, pese a saber que no somos perros y tratarnos diferente, nos consideran parte de su grupo social, parte de su familia, ¿por qué no considerarlos hijos no humanos? Hijos caninos, hijos peludos… en definitiva, como decíamos en el título de la entrada: “perrijos”.

Pero, ¿hasta qué punto puede percibir un ser humano la relación entre padres e hijos y humanos-perros propios? Un odesto pero interesante estudio de un grupo de investigadores del Hospital General de Massachusetts (MGH) ha intentado contribuir a dar respuesta a esta pregunta investigando qué estructuras cerebrales se activan y en qué grado cuando las mujeres ven imágenes de sus hijos y de sus perros (ver referencia al final de la entrada).

Gracias a estudios previos, sabemos que los niveles de ciertas neurohormonas como la oxitocina (involucrada en la vinculación y el apego materno) aumentan tras interaccionar con los animales domésticos. La investigación mediante las nuevas tecnologías de imagen cerebral es de gran ayuda para esclarecer las bases neurobiológicas de esta relación.

A fin de comparar los patrones de activación del cerebro involucrados en el vínculo humano-mascota con los provocados por el vínculo materno-infantil, el estudio se valió de un grupo de mujeres con al menos un niño de 2 a 10 años de edad y un perro con el que hubieran convivido al menos dos años.

Se hicieron dos sesiones: la primera sesión se realizó en su casa y en durante la misma los participantes completaron varios cuestionarios con preguntas sobre sus relaciones con el niño y el perro. Por otro lado, se fotografió tanto a sus hijos como al perro. La segunda sesión se llevó a cabo en el Centro Athinoula A. Martinos para la Imagen Biomédica , donde se empleó la resonancia magnética funcional (fMRI) para medir los niveles de activación de las estructuras cerebrales específicas (mediante la detección de cambios en los niveles de flujo de sangre y oxígeno) mientras los participantes veían una serie de fotografías. Se alternaron imágenes del hijo y del perro de cada participante con las de un niño desconocido y un perro de otro participante. Después de la sesión de exploración, se evaluó en cada participante el reconocimiento y atención a las fotos presentadas y se le pidió que calificara varias imágenes de cada categoría en base a factores relacionados con agrado y emoción.

Finalmente sólo se pudieron usar los datos e imágenes cerebrales de 14 de las 16 mujeres inicialmente inscritas (hay que entender que esta muestra o cantidad de sujetos estudiados es muy limitada, por lo que los resultados del estudio también son limitados).

Principales características de las mujeres que participaron en el estudio

Principales características de las mujeres que participaron en el estudio

El estudio de los datos encontró similitudes y diferencias en el modo en que ciertas regiones importantes del cerebro reaccionaron a las imágenes del hijo de una mujer y perro propios: Áreas importantes relacionadas con la emoción, la recompensa, la afiliación, el procesamiento visual y la interacción social mostraron una mayor actividad cuando las participantes vieron tanto a su hijo como a su perro. Una región conocida por su importancia para la formación del vínculo- sustancia negra/área tegmental ventral (SNI/VTA) – se activó sólo en respuesta a las imágenes de su propio hijo. Por otro lado, una cuestión interesante es que el giro fusiforme (implicado en el reconocimiento facial y otras funciones de procesamiento de imágenes), mostró una mayor respuesta a las imágenes del perro propio que a las de hijo propio.

Figura 3: Similar, aunque mayor, activación para el niño propio (OC) vs control (FX)que para el perro propio (OD) vs control (FX) en madres que poseen un perro (n = 14).

Figura 3: Similar (pero mayor) activación para el niño propio (a y b) que para el perro propio (c y d)  en madres que poseen un perro (n = 14). doi:10.1371/journal.pone.0107205.g003

Como comentaba, al ser un estudio limitado con una muestra pequeña que representa sólo a un sector de la población: mujeres con hijos, obviamente no puede aplicarse a otros individuos ni generalizarse, no obstante, como dice Lucas Stoeckel, doctorado en Psiquiatría y co-autor principal “los resultados sugieren que existe una red cerebral común importante para la formación de vínculo y la activación de procesos cerebrales cuando las madres ven imágenes tanto de sus hijos como de su perro. También observamos diferencias en la activación de algunas regiones que pueden reflejar una variación evolutiva en el curso y la función de estas relaciones. Por ejemplo, al igual que el SNI/VTA, estudios realizados tantos en humanos como animales concluyen que el núcleo accumbens puede tener un papel importante en los lazos de pareja, Sin embargo, esa región mostró una mayor activación cuando las madres vieron imágenes de su perro que cuando vieron las de su hijo. Pensamos que la mayor respuesta de la circunvolución fusiforme a las imágenes de los perros propios puede reflejar una mayor dependencia visual que verbal en la comunicación entre humanos y animales “.

Otro co-autor, Randy Gollub, también Doctor, añade: “La fMRI es una medida indirecta de la actividad neuronal y sólo se puede correlacionar la actividad cerebral con la experiencia de un individuo. Será interesante ver si futuros estudios pueden probar directamente si éstos patrones de actividad cerebral se explican mediante las funciones cognitivas y emocionales específicas implicadas en las relaciones entre humanos y animales. Además, las similitudes y diferencias en la actividad cerebral reveladas por neuroimágenes funcionales pueden ayudar a generar hipótesis que proporcionen finalmente una explicación a las complejidades subyacentes a las relaciones entre humanos y animales”.

Obviamente es necesario un estudio algo más ambicioso que intente obtener esos mismos resultados en una muestra mayor o comprobar si también se hallan en otros sectores de población (mujeres sin hijos, padres y parejas con niños adoptados, con otras especies animales como mascotas…) pero combinar los estudios de resonancia magnética funcional con medidas de comportamiento y estudios fisiológicos podría proporcionar todavía más evidencia que apoyara la relación directa entre la actividad cerebral observada y las funciones mencionadas, así que es un interesante comienzo.

Probablemente realizando este mismo estudio con el sector de la población que considera que tiene “perrijos” se obtendrían resultados aún más claros. Mientras la investigación científica va avanzando y arrojando luz sobre la cuestión de la naturaleza y fortaleza del vínculo entre humanos y perros, nosotros seguiremos convencidos de que todos los perros se consideran “perrijos” (o perrihermanos, perrisobrinos…) de sus compañeros humanos, aunque por desgracia no todos los humanos con perro se hayan dado cuenta aún de ello.

Referencia: Luke E. Stoeckel, Lori S. Palley, Randy L. Gollub, Steven M. Niemi, Anne Eden Evins. Patterns of Brain Activation when Mothers View Their Own Child and Dog: An fMRI Study. PLoS ONE, 2014; 9 (10): e107205 DOI: 10.1371/journal.pone.0107205