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Reflexionar antes de introducir un perro en la familia

Primeros juegos entre Hugh y Simba. Hugh entró a formar parte de la familia de modo casual y resultó ser un perro difícil que ha requerido y requiere mucho esfuerzo, sacrificios y complicaciones de vida. Hoy en día es un perro feliz y adaptado a su entorno, pero en manos inexpertas su destino podría haber sido muy distinto.

Primeros juegos entre Hugh y Simba. Hugh entró a formar parte de la familia de modo casual y resultó ser un perro difícil que supuso y supondrá siempre mucho esfuerzo, sacrificios y complicaciones de vida. Hoy en día es un perro feliz y adaptado a su entorno gracias al trabajo y a un trato adecuado, pero ¿cual habría sido su destino en manos más inexpertas o sin los recursos necesarios?

La decisión de incorporar un nuevo miembro peludo en nuestras vidas debería ser una decisión profundamente meditada, nunca producto del capricho ni desde luego, forzada. Además, la elección correcta del tipo de perro que será nuestro compañero hasta el fin de sus días es clave para lograr una buena convivencia y ahorrarle y ahorrarnos disgustos y problemas serios (a veces, incluso insalvables). Dejarlo todo al azar y confiar en que al final todo saldrá bien no es la opción más responsable. Informarse bien y controlar todas las variables posibles al respecto es, por contra, la receta para el éxito. Os damos algunas ideas para empezar.

Antes de nada, incluso de lanzarse a seleccionar al perro, es necesario informarse sobre el ser vivo que estamos pensando en incorporar a la familia, es imprescindible conocer bien las características y necesidades del perro como especie para saber a qué nos enfrentamos y qué podemos esperar de él como compañero, alejándonos de conceptos románticos y mitos.

Es importante no quedarse sólo con nuestra experiencia propia o la experiencia de familiares y amigos, porque es limitada y sólo nos ofrece una idea parcial.

En Internet hay mucha información, pero un “vistazo rápido” no es suficiente. Para adquirir los conocimientos mínimos necesarios hay que documentarse bien y si no se tiene tiempo o no se confía en la información que se encuentra, es mejor dejarse asesorar por un experto (no cometer el error de confiar en que quien vaya a proporcionarnos al perro nos facilitará también toda la información necesaria).

Tras documentarse en profundidad y antes de tomar la decisión en firme de iniciar la convivencia con un perro es fundamental informarse también sobre las dificultades, problemas y posibles contratiempos, gastos, preocupaciones que puede suponer tener un perro. En los foros y grupos de facebook caninos podemos obtener mucha información al respecto puesto que la gente que se enfrenta a este tipo de coyuntura suele pedir ayuda o compartir su situación. Poniéndonos en lo peor, estaremos preparados para lo que surja, lo cual ahorrará muchos quebraderos de cabeza y disgustos.

Escatimar esfuerzos en esta fase de reflexión previa, ser demasiado optimista, dejarse llevar por el optimismo o entusiasmo de otros, transigir pese a que nuestra voluntad sea otra, etc etc puede conllevar infelicidad, peor calidad de vida, malestar familiar y severas consecuencias para las dos partes, humana y canina.

Un perro agresivo muchas veces es un perro incomprendido, tratado de forma incorrecta y que no encaja con el modo de vida actual de su familia. Muchas veces nos encontramos que sus propietarios no pueden cubrir sus necesidades etológicas y muy a su pesar, se ven obligados a separarse de su perro. Esta terrible situación podría haberse evitado antes de introducir al animal en casa y no causar una separación traumática.

Un perro agresivo muchas veces es un perro incomprendido, tratado de forma incorrecta y que no encaja con el modo de vida actual de su familia. Frecuentemente encontramos que sus propietarios no pueden cubrir sus necesidades etológicas o trabajar para contrarrestar malos aprendizajes  y muy a su pesar, se ven obligados a separarse de su perro. Esta terrible situación podría haberse evitado antes de introducir al animal en casa y no causar una separación traumática, que siempre es un acontecimiento profundamente infeliz para ambas partes.

¿De raza o mestizo? ¿Comprar o adoptar? ¿Cachorro o adulto?

Todas estas preguntas están relacionadas y es muy importante conocer algunos datos para tomar la decisión que mejor se ajuste a nuestras necesidades.

En primer lugar hablaremos de las razas. La existencia de las razas de perros, inicialmente fue una cuestión de utilidad y funcionalidad, no de estética. Históricamente, se han tenido perros para que colaboraran en diferentes tareas (caza, tiro, defensa…), por lo que se fueron seleccionando a los que mejor cumplían estas tareas y con ello se fueron definiendo las distintas líneas caninas. Es decir, las diferentes razas tienen asociadas determinadas características, que son las que los seres humanos nos hemos dedicado a seleccionar y promover durante años. Estas características son diversas: nivel de energía, grado de independencia, capacidad de coordinación con sus propietarios, disposición a la obediencia, valentía… Por ello, tener en cuenta e informarse sobre la raza del perro antes de seleccionarlo es una buena idea para incrementar la probabilidad de que se vaya a ajustar a nuestra forma de vida.

No obstante, hay que tener en cuenta varias cosas al respecto. En primer lugar, que actualmente las cosas han cambiado mucho y los perros, en su gran mayoría, ya no se mantienen por su utilidad en el trabajo sino para compañía. Eso ha propiciado que la selección de las diversas razas se haya pervertido mucho y se esté haciendo sobre todo teniendo en cuenta la estética y no el resto de características. También existe la coyuntura del negocio de la venta de perros, cuando el objetivo es criar para lucrarse o por pasatiempo y capricho, los criadores no prestan atención a las características genéticas y de personalidad de los padres y es importante entender que, aunque esto no determina el 100% el carácter y personalidad que desarrollarán sus cachorros, hay una parte que sí se transmite y una influencia más que demostrada científicamente. Por ello, si vamos a seleccionar un perro por su raza, es importante alejarse de las tiendas, los multicriadores o los criadores particulares CASUALES. Sólo un criador serio, honesto y cuya motivación sea una desmedida pasión por la raza que cría y su mejora, nos ofrecerá un perro de raza con las garantías necesarias en cuanto a salud y solidez en su carácter.

¿Cómo encontrar criador? Hoy en día y gracias a internet no es difícil encontrar y contactar con un buen criador. Podemos revisar mediante buscadores, foros especializados, redes sociales e inclusos portales web dedicados a este propósito.

Un consejo, descartad de antemano criadores que ofrezcan cachorros a precios sospechosamente económicos: probablemente no sean tan serios como aparentan ni sean sus garantías tan sólidas como puedan afirmar. La dedicación en tiempo, esfuerzo y dinero de un criador responsable tiene un coste muy elevado que difícilmente podría asumirse sin una contraprestación económica equivalente. Y sobre este tema cabe investigar y reflexionar con cuidado para entender el por qué de este coste y la justificación del precio que pedirá un buen criador. De nuevo una simple búsqueda en Internet será de gran ayuda en esta tarea, aunque nunca está de más dejarse asesorar y buscar consejo de todos los profesionales del mundo del perro que se pueda, valorándolas siempre en función de su formación, objetividad, imparcialidad y seriedad.

Suele pensarse que si nos hacemos con un cachorro, incrementamos la probabilidad de que se adapte a nosotros. Esto no siempre es así, porque de un cachorro podemos desconocer muchas cosas: las características de su progenitores, sus tendencias de personalidad (con las que ya nacen y sólo pueden moldearse hasta cierto punto), el tipo de crianza que ha tenido (que influirá mucho, sobre todo si se lo ha separado antes de los dos meses de su madre y hermanos de camada o si no ha tenido contacto con humanos o entorno urbano). Existen muchos factores que afectarán en la personalidad y características del perro y sólo podrán compensarse o mejorarse en parte con la educación que se le ofrecerá una vez entre a convivir con nosotros. Por eso es importante que si finalmente nos decidimos por un cachorro, ofrecerle una educación de calidad y no dejarla al azar o confiar en nuestra pericia. Invertir en una buena educación en la etapa clave en la que el perro es plástico, está preparado para aprender y todavía es muy moldeable (de los 3 a los 5-6meses) es la mejor forma de asegurarnos de que se adaptará a nosotros y tendrá un carácter estable de adulto, con quien será sencillo y agradable convivir.

Dos razas recomendables para personas con un estilo de vida activo (pero no en exceso) o tranquilo son el labrador y el golden. Siempre que los cachorros de Labrador Retriever y Golden Retriever provengan de un criador que realmente se preocupe por la salud de sus camadas (ojo con la displasia) y busque mantener en su línea el carácter afable y sociable de estas razas, serán excelentes como animal de compañía para el propietario medio. Ahora eso sí, no nos sorprendamos luego si descubrimos que nuestro perrete tiende a obsesionarse un poco con el cobro de objetos y tenemos que esforzarnos por evitar reforzar esta conducta en exceso 😉

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Los labradores, en particular, también tienden a ser bastante glotones, por lo que será de utilidad tenerlo en cuenta a la hora de prevenir la aparición de la ansiedad por la comida y los peligros asociados a engullir su ración de comida demasiado deprisa.

¿Te interesan estas dos razas y quieres empezar a informarte sobre criadores dedicados a su cría? Para encontrar estos joviales y amistosos perros de raza puedes informarte en El Portal del Criador.

Si no queremos dejar nada al azar y no vamos a poder invertir como nos gustaría en esta educación (ya que requiere mucho tiempo, conocimientos y dedicación), la opción más segura es seleccionar un perro adulto (ya sea mestizo o de raza) y dedicar un tiempo a conocerle en persona antes de decidirnos por él.

Adoptar en una asociación protectora de animales es una de las formas más sencillas de hacerlo, puesto que sus integrantes conocen y tratan de cerca a los perros que tienen a su cargo, suelen permitir (y agradecer) que vayamos a sacarlos a pasear o nos los llevemos un periodo de tiempo a casa antes de hacer la adopción definitiva. Es importante tener en cuenta que el verdadero carácter del perro que vayamos a adoptar no lo podremos evaluar tampoco al 100%, dado que finalmente también dependerá de la adaptación a nuestro hogar y la relación que establezca con los miembros de la familia. Sin embargo, adoptar un perro adulto al que hemos dedicado bastante tiempo a conocer en persona y en diferentes situaciones, es probablemente la forma más segura y conveniente de seleccionar a nuestro futuro compañero.

Si ya tenemos otra mascota en casa habrá que considerar que el nuevo animal sea compatible. Para un perro joven será más sencillo aceptar a una hembra (tanto joven como adulta, pero habitualmente aceptan mejor a las de más edad), a un perra joven le resultará más sencillo aceptar a un macho. Los animales castrados tienden a llevarse mejor, pero existen cuestiones de aprendizaje y carácter que modifican esta generalidad. Un buen compañero o compañera para un perro nervioso y activo será un perro tranquilo y equilibrado, que tolere sus juegos y actitud impulsiva sin que muestre su desacuerdo en exceso ni vaya a sufrir en silencio el abuso del primero. Si nuestro perro es ya adulto y tirando a senior y no tiene demasiada paciencia, no es recomendable que introduzcamos un cachorro en casa, tendremos más probabilidad de éxito con un perro tranquilo ya adulto.

Bruma (antes Villa) tenía ya 9 meses cuando la adoptamos de la asociación Asoka el Grande (casi adulta). Ya conocíamos su carácter, tanto con personas adultas, niños, perros y gatos, en distintas situaciones. Su adopción por nuestra parte supuso varias semanas de reflexión y fue una decisión muy importante que jamás lamentaremos. Es una perra diez... pero eso ya lo sabíamos de antemano ;)

Bruma (antes Villa) tenía ya 9 meses cuando la adoptamos de la asociación Asoka el Grande (casi adulta). Ya conocíamos su carácter, tanto con personas adultas, niños, perros y gatos, en distintas situaciones. Su adopción por nuestra parte supuso varias semanas de reflexión y fue una decisión muy importante que jamás lamentaremos. Es una perra diez… pero claro, eso ya lo sabíamos de antemano 😉

En general, no es conveniente introducir a un compañero si nuestro perro tiene algún problema de conducta. De igual forma, no es buena idea escoger como compañero a un perro que tiene algún problema de conducta (aunque en principio parezca algo tan inocuo como un poco de miedo a personas o a otros perros) si ya tenemos a otro perro.

Para no alargarnos en exceso, continuaremos abundando sobre esto último en la siguiente entrada. Esperamos que lo expuesto hasta aquí os haya sido de utilidad y os animamos a seguir informándoos antes de tomar vuestra decisión y elegir al nuevo miembro de la familia. Lograr una buena convivencia y que la experiencia sea feliz para todos está en vuestra mano, ¡no escatiméis esfuerzos!

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Concentración, atención y premios en el adiestramiento canino

Cuando nos conseguimos centrar totalmente en una tarea, enfocamos nuestra atención y desechamos automáticamente estímulos externos e internos irrelevantes, es decir, aquellos que no tienen que ver con dicha tarea. De hecho, cuando no queremos pasar por alto u olvidar algo necesitamos amplificarlo (hacerlo más brillante, más grande, subir el volumen, más intenso…). Como ejemplo podemos citar los post-it amarillos pegados en lugares bien a la vista para recordar cosas mientras estudiamos o los anuncios de neón/led en la carretera para que los percibamos mientras conducimos.

El cerebro (humano, canino, felino…) tiene una capacidad de procesamiento limitada y necesita enfocar sus recursos en la tarea que se está llevando a cabo, así, cuando nos vemos forzados a dividir nuestra atención tanto nuestro rendimiento como la sensibilidad de nuestros sentidos disminuye.

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Hugh con sus capacidades cognitivas saturadas de tanto estudiar

Para ilustrar esta cuestión podemos citar un estudio del año pasado (referencia al pie) centrado en evaluar cómo afecta el hecho de llevar a cabo otras actividades mientras se consumen alimentos a la percepción de su sabor. En este estudio se examinaron los efectos de la “carga de trabajo” (es decir, la dificultad de la tarea con respecto a su demanda de recursos cognitivos y memoria de trabajo) y la percepción sensorial (en este caso, el gusto).

Los participantes probaron sustancias amargas, dulces y saladas en diferente grado estando sometidos a “cargas de trabajo” distintas. Cuando los participantes realizaban el experimento estando sometidos a “cargas de trabajo” altas calificaron las sustancias como menos intensas, consumieron más y prefirieron los sabores más fuertes. Dichos resultados sugieren que el aumento de la “carga de trabajo” reduce la percepción del sabor al limitar la capacidad de atención, impidiendo una evaluación correcta de la intensidad del sabor y el ajuste del consumo al mismo.

Este hallazgo concuerda totalmente con la Teoría de la Carga Cognitiva (según Jonh C. Sweller, psicólogo educacional, la capacidad de memoria de trabajo es limitada, por lo que el aprendizaje mediante solución de problemas debe diseñarse de forma que se disminuya la carga cognitiva y se faciliten las tareas para que no se sature la capacidad de procesamiento).

En el mundo humano, esto implica que si comemos viendo la tele, mirando el facebook a través del móvil, en un restaurante de un centro comercial rodeados de otras tiendas y de mucha gente, o incluso, mientras pensamos en todo lo que tenemos que hacer en el trabajo… evaluamos peor el sabor de nuestros alimentos y tendemos a querer comer más y preferir sabores más intesos (más dulces, más salados…), con las consecuencias que ello tiene en la salud.

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Así cenamos muchas noches, aún trabajando. Foto: Matt Seppings

Hasta aquí hemos hablado de animales humanos, pero ¿cómo se relaciona todo esto con el adiestramiento canino?

En el adiestramiento canino, a menudo se emplean reforzadores más valiosos, más olorosos, más grandes, más sabrosos… que los reforzadores habituales para aumentar la motivación del perro cuando se trabaja en entornos difíciles en los que el nivel de distracción es alto. En el caso de los premios más sabrosos, lo que parece que sucede es que se compensa con un estímulo más intenso esa disminución en la percepción del sabor asociada a una menor capacidad de atención en su evaluación (ya que la atención del perro está dividida y su procesamiento cognitivo saturado). Sin embargo, reforzadores con un valor demasiado alto también pueden dificultar el aprendizaje ya que la motivación excesiva implica un estado emocional tan alterado que interfiere y perjudica la función cognitiva.

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¿Jamón o galletas? Bruma lo tiene claro… ¡le valen ambos!

Así pues, dado que la concentración y la atención intencional es vital para lograr un aprendizaje de calidad, un buen protocolo de enseñanza o de adiestramiento no puede basarse sólo en ajustar el valor del reforzador a la situación en la que se esté trabajando en ese momento, debe diseñarse y planificarse de forma que facilite el aprendizaje al perro disminuyendo la carga cognitiva.

En nuestra opinión, un buen protocolo debe, además, aprovechar todas las capacidades cognitivas del perro (mediante una estructuración en fases que ponga a prueba dichas capacidades), tener en cuenta el marco de aprendizaje (el dónde y el cuándo) y la técnica de enseñanza (el cómo) para facilitar el aprendizaje y no saturar las capacidades cognitivas del perro en concreto con el que trabajemos, de forma que ni su rendimiento disminuya ni activemos estrés y/o ansiedad.

Cuando se trabaja de forma estructurada y se prepara al perro con coherencia y suficiente volumen de entrenamiento previo, no necesita jamón Cinco Jotas para concentrarse en entornos difíciles llenos de distracciones…

Nota: Bruma, que fue recompensada con el pedazo de jamón serrano (del Mercadona, que no estamos para Jotas) tras la sesión de fotos, opina que pese a que a ella le basta con el refuerzo social cuando se le pide algo, a nadie le amarga un “salaíco” de vez en cuando 😉

– Referencia: Van der Wal, R. C., & van Dillen, L. F. (2013). Leaving a Flat Taste in Your Mouth Task Load Reduces Taste Perception. Psychological Science, 24, 1277–1284. 23722984

– Artículo relacionado: Attentional States, Sensory Sensitivity and High Value Treats (http://dogbehaviorscience.wordpress.com)